La muerte de Reyes, con la que tuve la suerte de compartir su primer viaje al continente africano, me ha producido un sentimiento de rabia y esperanza…., es triste ver como una persona llena de vida e ilusiones se nos va para siempre. Ella sintió en su propia carne, el desgarro de una situación injusta que se vive en muchas partes del planeta y estuvo dispuesta a entregar y a compartir parte de su tiempo, de su vida, con los más pobres, los mas necesitados. Su ejemplo, como el de otras muchas personas, nos debe hacer reflexionar y cuestionar sobre la sociedad consumista y egoísta que estamos construyendo.
Los datos, por todos conocidos, sobre la situación de extrema pobreza que se vive en muchos lugares del mundo nos sitúan frente a unos retos que no podemos ignorar. Nuestra ciudadanía y sobre todo los sectores más dinámicos y sensibles, están reclamando propuestas serias e ilusionantes, dirigidas con honestidad a la transformación de una realidad que se hace más y más dramática para millones y millones de hermanos nuestros.
El planeta se ha hecho pequeño y solo los necios o interesados pueden negar lo evidente. No podemos quedarnos en meros espectadores de nuestra historia, porque ya no hay fronteras que nos protejan de los desastres o inclemencias mundiales. Ante estos, debemos recordar nuestra responsabilidad en comprenderlos, explicarlos y enfrentarlos a través de propuestas decididas, valientes y coherentes. Todo con una visión universalista en sus análisis y respuestas, donde lo que nos debe preocupar ante todo es el ser humano y sus relaciones entre ellos y el planeta.
Reyes, junto a otras muchas personas, siempre estuvo dispuesta a tirar para delante sin abandonar la lucha por hacer este nuevo siglo mejor que el que nos dejo. Somos muchos, y cada vez más, los que vamos a tomar el relevo a Reyes a sabiendas de que lo humanitario es rebeldía y es sueño.
F. Javier Ballesteros Morales

