Soporte Klan, otro ejemplo de música y desarrollo

Christian es un adolescente que nació en Villa Rica, pueblo de afrodescendientes en el límite entre Cauca y el Valle en el que, pese a su condición, la gente observa un riguroso comportamiento católico. Pero Christian tenía una pasión considerada satánica por sus vecinos y su familia: el hip-hop.

Junto al grupo de amigos que compartían su pasión, Christian fue expulsado sistemáticamente de cada casa o esquina donde intentaban ensayar su música y su baile. Hasta que encontraron un espacio más amable: Palenque Villa Rica, una casa que funcionó por años como hogar de gente desamparada y comedor infantil. Pese a las terribles críticas y ataques de vecinos, docentes (para los cuales el hip-hop no es música tradicional, ni siquiera música) y autoridades del pueblo, los ensayos de aquellos jovencitos llamaron la atención, por su pasión, de las educadoras de la casa. Así decidieron llevar al pueblo a un músico de hip-hop de Cali, quien para sorpresa de los jóvenes, no les enseñó música sino valores de convivencia. Así nació Soporte Klan.

Aquel aprendizaje de los fundamentos éticos del hip-hop que recibieron del músico caleño cambió sus vidas para siempre. Tras componer y aprender a ejecutar algunas canciones, los muchachos sintieron necesidad de aprender más sobre de dónde venían aquellos valores tradicionales de que les habló su maestro, y emprendieron su aventura más ambiciosa: investigarían (como fuese, aún sin recurso alguno en un pueblo muy aislado y negatorio de sus raíces negras) sobre las culturas africanas, y en particular las que dieron origen a la población de Villa Rica. Así fue que, tras meses de cuidadosa elaboración, crearon “África-Villarrica”, un disco grabado con tecnología muy rudimentaria, pero que pronto ganó no sólo popularidad en Cauca y Cali, sino también (por primera vez) el respeto de su comunidad.


Los jovencitos de Soporte Klan, hoy, no sólo hacen hip-hop con instrumentos tradicionales africanos e indígenas. También crearon la Fundación Villa Rica, y dedican el producto de su trabajo como músicos a la labor comunitaria y social. Y son, a nuestro juicio, un excelente ejemplo de que las tradiciones no son folklore inmóvil, sino parámetros culturales vivos y en constante adaptación a la realidad.

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